Amargo aroma de la melancolía, que me embriaga esta fría noche.
Arropado con la suave manta de tus recuerdos. Tumbado sobre la
perpetua huella de tu cuerpo. Convulsionando, por el síndrome de
abstinencia que me dejaron tus besos. Tus besos, catalogados como
el más puro de los opiáceos. Mis manos lloran al recordar la seda
de tu espalda. Mi piel se marchita, ante la carencia de tus manos.
En mi pelo, la primavera ha dejado paso al más triste otoño.
En mis ojos navega tu tímida sonrisa y mi corazón se declara en
huelga si tú no estás aquí. Vuelve, antes de que esta desolada alma,
huya cansada de la ausencia que la envuelve.
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